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Los gigantes marinos que vigilan nuestras aguas (II)

Maniobras navales en Fuerteventura: recuerdo de una tragedia

Una hueste de gigantes marinos clama justicia desde la atalaya de sus propios huesos. Tiempo atrás, al instante de su muerte, el mar ocupó la oquedad de sus cuerpos varados en la costa de Fuerteventura. Su redención llegó con el tiempo y, hoy, sus osamentas vacías exigen un espacio equivalente para sus semejantes.

El archipiélago canario es una de las localizaciones más importantes del mundo para la supervivencia, conservación y estudio de los cetáceos. Las autoridades científicas así lo han constatado, cuando señalan que en las islas se pueden llegar a encontrar hasta 28 de los 87 tipos de estos animales que existen en el planeta.

El proyecto escultórico de la Senda de los Cetáceos sirvió en su momento para recordar la tragedia de los varamientos masivos que tuvieron lugar en Fuerteventura y Lanzarote a consecuencia de los ejercicios militares navales organizados por la OTAN, en los años 2002 y 2004, bajo el nombre de operación Neotapon 02 y Majestic Eagle 04.

La utilización de sónares en estas maniobras fueron los causantes de dos varamientos masivos. En 2002, causaron la muerte a 14 ejemplares de los 27 animales que llegaron a las costas majoreras. Dos años después, las siguientes maniobras tuvieron lugar más al norte, provocando la muerte de al menos otros cinco ejemplares, de los que dos aparecieron en Lanzarote y tres en Fuerteventura.

En 2002, los ejercicios se realizaron frente a las aguas de Jandía, una zona de enorme actividad turística, dando lugar a escenas dantescas. Todos los que se encontraban en ese momento disfrutando de las paradisíacas playas majoreras asistieron, estupefactos, al desembarco junto a ellos de tropas militares. Al mismo tiempo, llegaban a tierra, uno tras otro, los cadáveres de los cetáceos.

La sociedad Oceana, según un informe realizado en agosto de 2004, describe los sónares llamados LFAS (Low Frequency Active Sonar, o Sónar Activo de Baja Frecuencia) y SURTASS LFAS (Surveillance Towed Array Sonar System  o Sistema de Sónar de Vigilancia por medio de Barrido Reticular) como sistemas de gran precisión que utilizan ondas de sonido de alta intensidad (por encima de los 200 dBi) y baja frecuencia (entre 450 y 700 Hzii) con el objetivo de detectar objetivos que pueden llegar a estar a cientos de kilómetros, navíos militares, submarinos nucleares, diesel, o incluso submarinos con el motor parado.

Como la propia OTAN ha reconocido, estos sistemas son enormemente dañinos para los animales marinos, e, incluso, se ha demostrado que pueden desorientar a los seres humanos si se encuentran sumergidos en la zona. Para especies específicas como los zifios son, sencillamente, letales.

Los zifios son animales que desarrollan la mayor parte de su vida a grandes profundidades, como demuestra el hecho de que en sus estómagos se hayan encontrado restos de calamares gigantes, que viven también en los fondos abisales y que nunca han sido visto vivos en la superficie. Las necropsias realizadas a los ejemplares muertos en Fuerteventura pusieron de manifiesto que todos ellos “habían sufrido daños similares a un fuerte proceso de descompresión, similar al que experimentan algunos submarinistas”, el cual “provoca que el aire se expanda bruscamente, se comprima el cuerpo, se introduzcan burbujas en el riesgo sanguíneo y se produzca una embolia”.

Con estos indicios, resulta sencillo imaginar a estos animales sumergidos a grandes profundidades en el momento de activarse el sónar, sufriendo un repentino e insoportable dolor que les obliga a huir desesperadamente hacia la superficie, provocando, sin remedio posible, su propia muerte por descompresión. El mismo y triste episodio tuvo que ocurrir dos veces hasta resolverse.

Tras las protestas de la comunidad científica, que devinieron incluso en un pronunciamiento no vinculante del Parlamento Europeo rechazando el uso de estos dispositivos, el Ministerio de Defensa español estableció en 2004 una moratoria que aplicaba el principio de precaución y que incluía el compromiso de no desarrollar en aguas canarias ejercicios navales con sónares antisubmarinos activos y explosiones, y firmó un convenio con el Gobierno regional para declarar una Zona de Especial Sensibilidad Marina.

Significó una gran victoria para la protección del medio marino canario. Sin embargo, no fue hasta varios años después que se constató lo que a todas luces parecía evidente. La ciencia es objetiva y se basa únicamente en los hechos. Por muy claros que parecieran los indicios, fue la investigación plasmada en la tesis doctoral de la bióloga marina originaria de Fuerteventura Yara Bernaldo Quirós, dirigida por el prestigioso catedrático Antonio Fernández Rodríguez, la que en 2011 confirmó la hipótesis.

La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria consiguió así demostrar que los potentes sónares experimentales utilizados en aquellas maniobras fueron los causantes de los varamientos, marcando así un hito mundial en la materia.

Continuamente

Las esculturas esqueléticas de algunos de los cetáceos fallecidos en aquellas maniobras nos recuerdan la tragedia y nos advierten con su majestuosa presencia la necesidad de proteger la riqueza biológica que atesoran nuestras aguas.