(Español) campo de concentración de Tefía (1954-1966)

En el año 1954, en pleno Régimen Franquista, se modifica la conocida Ley de Vagos y Maleantes, para incluir como figura delictiva la homosexualidad, aquellas personas que reconocían –o a los que le reconocían– esta orientación sexual eran tachados de «invertidos» y –en Canarias– llevados a un Campo de Concentración que se improvisó en Tefía, lo que actualmente conocemos como El Albergue de Tefía y que oficialmente llamaron Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía.
Unas 90 personas fueron confinadas en este campo de concentración —que permaneció en funcionamiento entre los años 1954 y 1966— donde sufrieron vejaciones propias de este tipo de lugares con el fin de reeducarles, esclavizándolos y experimentando con ellos clínicamente. Allí fueron trasladados presos comunes, algunos políticos y, sobre todo, muchos homosexuales.
Por los testimonios de algunas de las personas que pasaron por ese calvario, y conociendo el paraje desértico en el que se ubicaba, nos podemos hacer una idea de la dura vida que les dieron. Hambre, palizas, calor insufrible y mucho frío en las noches. Los condenados realizaban trabajos forzados hasta caer rendidos, picando piedra para la construcción, cavando zanjas, sacando agua del pozo… vigilados por los duros palos de los guardianes que hacían de funcionarios y que eran en su mayoría excombatientes o retirados de las fuerzas armadas, auténticos carceleros provistos de látigos, fustas, palos,…
El Campo estaba dirigido por un ex-sacerdote castrense, quien decidía si los presos que le llegaban cumplirían la pena mínima de 1 año o la máxima de 3. La suerte de muchos (desgraciada suerte) fue que su condena no podía superar los 3 años de internamiento, pero al obtener la libertad de tan cruel reclusión se inicia la pena de destierro —mínima de 1 año y prorrogable a 5—, con una libertad sometida a vigilancia de delegados que les obligaban a vivir en otra isla o, al menos, en otra ciudad.
Muchos fueron los desafortunados que tuvieron la desgracia de cumplir pena en esta «Colonia Agrícola Penitenciaria»; uno de ellos, Octavio García, es de las pocas personas que años después reconoció haber cumplido pena en este campo de concentración. Nacido en el año 31, en las Palmas de Gran Canaria, con una infancia marcada por el hambre y la miseria, es condenado en el año 1954 como homosexual, crimen recogido bajo La ley de Vagos y Maleantes. Encarcelado por meses en la prisión del Barranco Seco, en Las Palmas, donde es humillado y sometido a toda clase de vejaciones para, meses después, ser trasladado a Fuerteventura y llevado al campo de concentración, no sin antes haberlo paseado por toda la Isla para ser humillado por los vecinos.
Octavio fue uno de los pocos presos con conocimientos religiosos, por lo que fue elegido para instruir al resto de presos en temas de religión, lo que le evita cumplir la condena completa, siendo liberado a los 16 meses, momento a partir del que empieza la pena del destierro.
Y fue Octavio García uno de los pocos recluidos entre aquellas paredes que encontró el valor para contarle al mundo entero lo que allí sucedió. Eran tiempos en los que ser acusado de tal «crimen» suponía una vergüenza irreparable. Por eso muchos de los allí confinados nunca hablaron de su paso por el campo de concentración y prefirieron que el olvido y el silencio fuera depositando polvo sobre el pasado.
Hay que ensalzar la valentía de los que supieron anteponerse a tal deshonra y contarnos los acontecimientos vividos. Gracias a ellos la historia va cambiando y nos permite ir poco a poco evitando caer en los mismos errores.

Navegando por Fuerteventura