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Historia: Entre turistas y corsarios

Las idílicas y bellísimas playas de Fuerteventura son hoy en día un paraíso para relajarse o practicar deportes náuticos. Pero este espacio de disfrute y tranquilidad fue durante siglos el escenario de trágicos acontecimientos relacionados con el desembarco de corsarios y piratas. Cuesta hacerse a la idea, pero estas mismas playas de aguas cristalinas y arena blanca vieron posar los pies en tierra majorera a innumerables invasores de todas las épocas y orígenes. Historias que merece la pena recordar.

Los antiguos pobladores de la isla, los mahoh, tuvieron que lidiar con la llegada de los conquistadores normandos que, bajo el mando de Jean de Bethencourt y con autorización de la Corona de Castilla, desembarcaron en la playa de Ajuy en el año 1402 para dar inicio en Fuerteventura a la conquista de toda Canarias, que se extendería a lo largo de todo el siglo hasta culminar con la caída de Tenerife en 1496, ya bajo la corona castellano-aragonesa de los Reyes Católicos.

Sin embargo estas no fueron, ni mucho menos, las primeras incursiones foráneas en las islas. Casi un siglo antes, el explorador genovés Lancelotto Malocello se estableció durante dos décadas en Lanzarote -¿sería este personaje quien daría nombre a la isla?-, y ha quedado constancia de la venta de esclavos canarios a cargo de navegantes berberiscos originarios del norte de áfrica antes de la conquista. Asimismo, y aun a falta de documentos históricos concluyentes, el registro arqueológico ha constado la presencia romana en las islas desde dos mil años atrás, como demuestra, por poner un ejemplo, el yacimiento de la Isla de Lobos descubierto en 2012. Hay incluso, con polémica de por medio, quien sugiere que el poblamiento del archipiélago fuera obra de los fenicios, siglos antes del inicio del calendario cristiano.

Pero volvamos a hechos más recientes y constatables. Los pobladores canarios y, entre ellos, los majoreros -ya fueran los aborígenes prehispánicos o sus descendientes una vez adoptada la cultura europea-, estuvieron fatídicamente familiarizados con invasiones de todo tipo durante la edad moderna. Durante los siglos XVI, XVII, XVIII y principios del XIX, Canarias sufrió los ataques de populares piratas y corsarios de toda Europa, que azotaban las islas, unas veces con éxito y otras sin él, dependiendo de los cambiantes equilibrios diplomáticos y alianzas entre naciones imperantes en cada momento.

Tanto piratas independientes como corsarios que actuaban con autorización de una u otra nación actuaron en aguas canarias acumulando derrotas y victorias. Algunos fueron corsarios galos como Juan Florín y François Leclerc “pata de palo”, holandeses como Pieter Van der Does, el gran almirante de la Armada de Argel y pirata berberisco de origen canario, Alí Arráez Romero, o numerosos corsarios británicos como John Hawkins, sir Francis Drake, Robert Blake u Horacio Nelson, estos últimos fracasando sucesivamente durante cuatro siglos en su intento por hacerse con Tenerife (Nelson llegó incluso a perder un brazo y parte de sus tropas en su ataque de 1797).

Corsarios en Fuerteventura

Tras el descubrimiento de América en 1492, las islas fueron enclave estratégico en la ruta entre Europa y el Nuevo Mundo. Las aguas canarias fueron durante siglos escenario habitual de ataques corsarios que trataban de socavar la supremacía del imperio español, interrumpiendo las rutas comerciales principalmente a través del abordaje de embarcaciones y el saqueo de territorios a la mínima oportunidad.

No debe olvidarse que Canarias también sirvió como punto de partida para organizar incursiones y ataques en sentido contrario, esto es, saqueos y capturas de esclavos en las costas africanas. Esto ocasionaba frecuentes represalias por parte de los navegantes berberiscos, especialmente en Fuerteventura y Lanzarote, por ser las más cercanas, y quienes las sufrían, como no puede ser de otra manera, eran las gentes locales.

Recordemos la historia de dos episodios que tuvieron lugar en Fuerteventura con distinto resultado.  

En 1593, el berberisco Xabán Arráez realizó un duro saqueo tras arribar a la isla majorera al mando de al menos siete galeras y varios bergantines. Su ataque se centró en el Valle de Santa Inés y Betancuria. Los pobladores locales trataron de huir y refugiarse en montañas y cuevas llevando consigo todos los objetos de valor posibles. Desde Gran Canaria llegaron refuerzos para tratar de repeler el ataque, pero no pudieron impedir que Arráez saliera victorioso y abandonara la isla tras capturar sesenta civiles y saquear e incendiar Betancuria.

No obstante, el más famoso de los episodios acaecidos en Fuerteventura es la Batalla de Tamasite, que conmemora los dos enfrentamientos contra corsarios ingleses que tuvieron lugar en 1740. Los invasores desembarcaron en Gran Tarajal y consiguieron alcanzar y saquear el pueblo de Tuineje, pero los majoreros no se amedrentaron. Encabezados por el Teniente Coronel Sánchez Umpiérrez, y armados apenas con palos y piedras, ciudadanos sin formación militar fueron capaces de organizarse en milicias para vencer y apresar al enemigo en la Batalla de El Cuchillete. No olvidemos que a pesar de haber sido colonizado y cristianizado, el pueblo canario conservó muchas de sus tradiciones aborígenes, entre ellas algunas habilidades de gran utilidad en la batalla como la lucha canaria o el juego del palo, deportes tradicionales que todavía se practican a día de hoy. Un mes más tarde, los corsarios lo intentaron de nuevo, pero las milicias, mucho más organizadas, contando esta vez con las armas de fuego requisadas en la anterior contienda y valiéndose de camellos de labranza, derrotaron nuevamente a los ingleses en la Batalla del Llano Florido.

Esta victoria es conmemorada cada año en el mes de octubre coincidiendo de las Fiestas Juradas de San Miguel, patrón de Tuineje, en una bella recreación que interpretan los vecinos del municipio y que ha sido declarada Bien de Interés Cultural y Bien de Interés Turístico. Sin duda, un evento que vale la pena presenciar una vez en la vida.

Veneno contra los piratas

El historiador majorero Carlos Vera ha investigado un acontecimiento curioso del siglo XVIII que constata el tradicional ingenio de los majoreros para lidiar con la piratería. Los invasores desembarcaron esta vez en El Cotillo, con el objetivo habitual de saquear riquezas y abastecerse. El coronel de la época tomó una decisión tan genial como dramática, al ordenar verter veneno en el agua de uno de los aljibes que se encontraban en su camino. Fieles a su costumbre, los corsarios bebieron del aljibe y, claro, murieron. Dos siglos después, el lugar es conocido como el Aljibe del Veneno, y se encuentra recientemente rehabilitado y es visitable en el pueblo de La Oliva.

Estos son sólo algunos ejemplos de los innumerables e interesantes acontecimientos históricos de los que las costas canarias han sido testigos. Fuerteventura, Canarias en general, somos mundialmente reconocidas por nuestras playas, nuestro clima o la calidez de nuestras gentes. Sin embargo, entre las paredes de los pueblos, en los yacimientos de las montañas, en pecios perdidos bajo el mar, o en los recuerdos que se llevó el viento en las orillas de las playas, hay testigos silenciosos de la historia de la civilización humana. Donde mismo hoy se bañan los turistas, o desde donde contemplas nuestros maravillosos paisajes rurales, descansan leyendas e historias de conquistas y luchas de poder, crueldad y compasión, amores y desamores, ritos y lenguas olvidadas. Muchas de ellas no son recuperables, aunque vale la pena imaginarlas.

Equipo FuerteCharter
Excursiones diarias a la Isla de Lobos

 

Historia: La Ampuyenta y sus ilustres personajes

 No todo va a ser navegar a Isla de Lobos desde Corralejo, y visitar ese pedazo del paraíso al norte de Fuerteventura, por el contrario nos encanta que conozcáis todos los rincones de esta maravillosa isla. Uno de esos rincones es la pintoresco aldea de La Ampuyenta, que cuenta con un patrimonio histórico y cultural digno de conocer y visitar para profundizar en el pasado de Fuerteventura.
La Ampuyenta nos ofrece, en un pequeño recorrido a pie, descubrir al pasado y conocer una parte importante de la historia de Fuerteventura. Se trata del complejo histórico-patrimonial de La Ampuyenta, un entorno plenamente recuperado y habilitado para su visita, formado por varios edificios:
—La Casa Museo del Doctor Mena
En esta casa nacía en 1802 Tomás Mena y Mesa, en el seno de una familia muy humilde. Sus padres hicieron grandes esfuerzos económicos para conseguir que estudiará y con la edad de 19 años viaja a la Habana para doctorarse en la Universidad de Medicina con la especialidad de cirugía, gracias a una pequeña fortuna que su hermano, afincado en la Habana, tenía por disponer de un puesto eclesiástico influyente en esa ciudad. Tomás Mesa y Mena, posteriormente, se instala en París y en la Sorbona se Doctora en Medicina Tropical; vuelve a la Habana donde ya disfruta de gran fama como médico y desde allí viaja por los EE.UU. ampliando sus conocimientos. Tanta era su fama que fue nombrado miembro honorario del Claustro de la Universidad de Cádiz en 1846. 
Tras un viaje a Cádiz, vuelve a su Fuerteventura natal donde pasará el resto de su vida, administrando su gran fortuna y dedicado a la investigación. Pero este gran hombre nunca dejó de prestar sus servicios al prójimo, atendía a sus vecinos en su despacho de forma gratuita.
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En su herencia dejó al pueblo de Fuerteventura 25.000 pesetas para la construcción de un hospital en el que se atendiera a los más necesitados. Pero, aunque se construyó tal edificio 60 años más tarde de su muerte, “El Hospitalito del Doctor Mena” nunca llegó a funcionar como tal, actualmente es propiedad de la Iglesia y contiene la exposición de las andas de las ermitas de Fuerteventura.
—El Hospital de Caridad de San Conrado y San Gaspar
Se trata del Hospital que mandó construir en su Testamento el Doctor Mena y Mesa, al que quiso poner este nombre para honrar a su hermano el eclesiástico. Es un pintoresco edificio construido en tres pabellones unidos entre sí por corredores. Quiso el doctor que se dedicará a la caridad y se construyera en su pueblo natal, pero como comentábamos anteriormente nunca llegó del todo a dedicarse a tal fin. Actualmente se conoce como el Hospitalito de la Ampuyenta y alberga la exposición de las andas de las ermitas de Fuerteventura, una docena de este tipo de elementos de procesión, además de una exposición fotográfica antigua de las Fiestas de San Pedro de Alcántara. En el exterior, cuenta con un aljibe acondicionado también para su visita.
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—La casa de Fray Andresito
En este inmueble nacía, a comienzos del siglo XIX, Andrés Gracia Acosta, en el seno de una familia humilde de campesinos; trabajó como pastor de cabras pero en su juventud fue influenciado por los franciscanos y cuenta la historia que cuando acababa sus tareas de campo se rodeaba de niños y les enseñaba religión. Tras el fallecimiento de su madre, decide embarcarse en una expedición de emigrantes a América causada por el hambre y la falta de trabajo por las sequías. Primero se instala en Uruguay y más tarde en Chile donde se vinculó a la orden franciscana, llegando a conseguir —por su labor, sus virtudes y caridad— una gran popularidad en el humilde oficio de Limosnero. Muere en Santiago de Chile en enero de 1853.
Actualmente su casa, humilde y sencilla, es Bien de Interés Cultural en la categoría de Sitio Histórico y Fray Andresito está en proceso de beatificación. 
—La ermita de San Pedro de Alcántara
A pesar de su pequeño tamaño, esta Ermita es el inmueble religioso más importante de Fuerteventura ya que contiene uno de los más valiosos y singulares conjuntos artísticos de las Islas. Su arquitectura es de gran sencillez, lo que contrasta con la riqueza que contiene, la más importante colección pictórica religiosa de Fuerteventura. Esta ermita se fundó en agosto de 1681 con el patrocinio del santo franciscano San Pedro de Alcántara, canonizado en el año 1669.
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En su interior se pueden apreciar distintas pinturas dedicadas, en su mayoría, a San Pedro de Alcántara, además de otros bienes arquitectónicos. La pintura mural de la ermita de Ampuyenta está considerada como una de las más importantes de Canarias, fechada en la segunda mitad del siglo XVIII, supone una obra sin comparación en el Archipiélago, por la calidad de la técnica ilusionista en la que se mezclan pintura, arquitectura y escultura.
Actualmente es también Bien de Interés Cultural bajo la categoría de Monumento y un lugar digno de visitar para apreciar la singularidad de las obras que contiene.
Por estos edificios, por la historia de los personajes ilustres que hemos comentado y gracias a las labores de recuperación y restauración del Cabildo y Gobierno de Canarias en los últimos años, La Ampuyenta constituye una parada obligatoria para aquellos que quieren conocer más de cerca un pasado muy presente en esta aldea, un magnífico recorrido a píe por el complejo histórico-patrimonial de La Ampuyenta, visita de los más recomendable.
Como hemos dicho, no todo serán excursiones a Lobos y días de playa, Fuerteventura tiene, además de todo eso, una interesante historia.
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Como llegar:
La Ampuyenta se ubica en el municipio de Puerto del Rosario, zona interior, a unos 20 kilómetros de la capital de Fuerteventura, por la carretera FV-20 dirección Antigua.

Historia: La Casa de los Coroneles, poder y esplendor en la Oliva

Uno de los edificios más interesantes y emblemáticos de Fuerteventura, de gran significado histórico tanto para la isla majorera como para el Archipiélago Canario, es la Casa de los Coroneles; una construcción señorial, situada en el malpaís de la Arena, a las afueras de La Oliva, que resalta tanto por la historia que representa como por su arquitectura.

Se trata de un edificio cívico-militar, que comenzó a construirse en la segunda mitad del siglo XVII bajo las órdenes de la familia Sánchez-Dumpiérrez, y que sorprende por su gran dimensión, que contrasta con el paisaje desértico y llano en el que está ubicado. La familia Sánchez-Dumpiérrez ejerció el cargo de Coronel de Milicias Provinciales reiteradamente —convirtiéndolo en vitalicio y hereditario— y llegó a crear una aristocracia militar sumamente poderosa que dominaría la Isla a finales del siglo XVIII.

¿Por qué adquiere tanto poder la figura del Coronel frente a la de los señores?
Una vez que Fuerteventura forma parte de la Corona de Castilla, se establece el sistema de señoríos, siendo la familia Arias de Saavedra la que ostentaba el título de Señores de Fuerteventura. La Corona es consciente de que cada vez posee menos capacidad de gobernar sus territorios, ya que están en manos de señores que gobiernan a su antojo, y decide crear un regimiento militar a las órdenes de un Coronel que vaya haciéndose con el mando de la Isla. En 1708 se crea el Regimiento de Milicias y su coronel asume el cargo y los deberes de Gobernador de Armas; la misión de este cargo será la de restar poder a los señores de la Isla: primero les arrebatan el poder militar y, con el paso de los años, el coronelato se convierte en el verdadero terrateniente, gobernando toda la isla desde su casa-fortaleza: La Casa de los Coroneles. Los señores de Fuerteventura residían en Betancuria, pero los Coroneles deciden asentarse en la Oliva, con lo que comienza a perder importancia Betancuria y empieza el crecimiento político, económico y social de la Oliva, llegando a vivir por aquella época su mayor esplendor.

La Oliva se convierte así en la urbe más importante de Fuerteventura; el Coronel manda construir la Iglesia de la Oliva (la más grande de la Isla), y crea a su alrededor un importante mercado; incluso, el primer coronel compró la imagen de la virgen de la Candelaria, restando así importancia a la imagen de la virgen de Betancuria. Llegaron a convertirse en la familia más rica de las Islas Canarias. Fue tal el poder que adquirió el coronelato que comenzaron a vivir como auténticos señores –se sabe que hubo un refinamiento artístico y social esplendoroso–; entre las nóminas que se encontraron de la Casa había, incluso, una pianista traída de Francia, lo que hace gala del refinamiento y la sensibilidad artística que tenían. Muchos pintores de gran importancia pasaron por esta casa y plasmaron retratos de los Coroneles de la Oliva.

Excursiones Fuertecharter | Historia: Casa de los Coroneles de La Oliva

El conjunto arquitectónico de La Casa de los Coroneles es una clara representación de este “poder” que ostentó la familia. Se trata de una edificación inspirada en las casas rústicas de la nobleza canaria (como las que se construían en aquella época en la Laguna de Tenerife), pero mejorada. Estaba formada por varias zonas o edificios que tenían cada uno su función: la plaza de armas, el aljibe, las caballerizas, la explanada de actos, el rededor agrícola… En todo este conjunto se encontraba la casa del médico, la farmacia, la zona del administrador de la finca, la carpintería, la herrería…; y en la zona central, como un castillo poderoso, el edifico donde residía el coronel y su familia. El coronelato adquiere su mayor esplendor en el XVIII pero, ya a lo largo del siglo XIX, las nuevas coyunturas económicas, políticas y sociales llevan al lento deterioro del poder militar en Fuerteventura. Poblaciones como Puerto Cabras y Antigua van adquiriendo importancia como núcleos poblacionales. Los Coroneles perderán el poder político-militar, no así el económico, que mantendrán aún después de la desaparición del cargo.

Actualmente la Casa de lo Coroneles es un museo que deja entrever el poder que algún día existió en Fuerteventura.

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Excursiones Fuertecharter | Historia: Casa de los Coroneles de La Oliva
© Ayuntamiento de La Oliva

Fuerteventura Historia. Una muralla, dos tribus, dos reyes.

La realidad de los antiguos habitantes de Fuerteventura es una gran incógnita, difícil de aclarar por la escasez de testimonios arqueológicos, históricos y lingüísticos; aún así, existen varias corrientes de investigación que defienden distintas teorías. Algunos autores llaman a la isla «Maxorata», tomando el nombre del mayor de los reinos en que se dividía la misma; sin embargo, existe un topónimo —recogido por autores normandos— en el que nos vamos a centrar para intentar acercarnos a la época de los reinos prehistóricos de Fuerteventura. Este término es el de «Erbania» o «Herbania» y una corriente de investigación lo relaciona con «Arbani» —el lugar de la muralla—. Hace referencia al muro de piedra seca que dividía la isla de Fuerteventura en dos, a la altura del istmo de Jandía, y del que aún hoy en día quedan restos. Basándonos en esta corriente de investigación y en algunos que otros datos que quedaron escritos, podemos intentar hacernos una idea de cómo fueron aquellos primeros habitantes de esta Isla. Estaba dividida en dos tribus o reinos a cuyo frente se situaban sendos reyes. Cada uno de ellos reuniría los grupos de descendencia emparentados entre sí o vinculados mediante intercambios matrimoniales y económicos; configurando un modelo de sociedad tribal bipolarizada en dos fracciones caracterizadas por las relaciones hostiles entre sí y conocido con el término de sistema dualista. La necesidad de mayor cantidad de tierras de pasto y la lucha por unos recursos cada vez más escasos habría llevado a que los grupos de parentesco buscaran entidades políticas superiores que canalizaran el enfrentamiento armado hacia la otra tribu, más distanciada genealógicamente.

A pesar de la hostilidad entre estos reinos, esta no era permanente ya que ambos tenían el sentimiento de pertenencia a la misma etnia, manifestado en la cooperación que existía entre ellos frente a un enemigo extranjero (los normados) o en la adopción de relaciones pacíficas, coincidiendo con festividades y con rituales comunes a toda la población de Fuerteventura.

Los reyes majoreros han de ser interpretados  como líderes o jefes militares, destacando por sus cualidades guerreras, cuyo ascenso se explica por los prolongados enfrentamientos intertribales y por las necesidades de organizar la defensa ante las incursiones europeas de los siglos XIV y XV. Se sabe que estas tribus pastoriles, poseían un espíritu agresivo, en el que era muy frecuente la guerra armada, generalmente motivada por cuestiones relacionadas con los pastos y el ganado. Los normandos hablan siempre de feroces guerreros, de gran puntería pero sin armaduras y con instrumentos de gran precariedad tales como piedras y lanzas de madera sin hierro, similares a los del resto del archipiélago.

Los últimos reyes aborígenes de que se tiene constancia son Guize (al norte de la muralla) y Ayoze (al sur de la misma), y son los que darían nombre a las dos comarcas.

Como explicamos anteriormente, otras vertientes de investigación desestiman esta teoría por la diferencia en cuanto a la extensión de las comarcas, la de norte mucho más amplia que la otra, aunque realmente, a pesar de esta diferencia, estaban muy igualadas en recursos.

Hasta aquí un intento de aproximación a los aborígenes y primeros pobladores de esta parte de la Macaronesia.

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Montaña de Tindaya, monumento natural de Fuerteventura

Son varios los monumentos naturales de Fuerteventura, —la Isla de Lobos es uno de ellos, por eso disfrutamos llevando a turistas en nuestras excursiones diarias a tal paraje—, uno de ellos y que consideramos un lugar donde la memoria y la magia encuentran refugio es la Montaña de Tindaya, para los antiguos pobladores de la isla (los mahos) se trata de una Montaña Sagrada, uno de los monumentos naturales más importantes del archipiélago canario.

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Situada a 4 km de la costa, en el barrando de Esquinzo, en el pueblo de Tindaya (municipio de La Oliva), esta montaña, de 400m de altura sobre el nivel del mar, es un espectacular pitón de traquita que la erosión, con el paso del tiempo, ha dejado a la vista al desgastar el volcán que la envolvió y saco al exterior. La traquita es una roca volcánica resistente y áspera que antiguamente se empleaba en la confección de piedras de molino y que actualmente es una piedra ornamental muy valorada en la construcción y que pulida recuerda al mármol. Geomorfológicamente su estudio es imprescindible para conocer la formación del archipiélago canario.

Tindaya posee valores culturales, históricos y ecológicos muy importantes. Conocida popularmente como la montaña de las Brujas, contiene casi 300 grabados podomorfos (grabados rupestres en forma de pie) que la convierten en una de las mayores estaciones de grabados del planeta similares a los encontrados en el Norte de África.

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Los podomorfos de la montaña de Tindaya

Estos grabados rupestres, en forma de pie, fueron realizados por diferentes manos y en diferentes momentos, pues los hay de varios tipos, en cuanto a tamaño, ejecución y distribución. Se reparten por más de medio centenar de paneles agrupados en su tramo superior y casi una treintena de figuras sueltas, desaparecidas en la actualidad. No se sabe demasiado sobre estos podomorfos, todos orientados hacia la puesta de sol, hacia poniente, algunos creen que esto se debe a que desde la cima de esta montaña, en días claros, se puede observar el Teide, montaña que los antiguos habitantes consideraban la residencia de Satanás y podría ser que hacia ella orientaran sus rituales. Aunque hay otras teorías que tienen más fuerza y que relacionan estos grabados con fenómenos astrológicos y los solsticios de verano e invierno. Otras teorías hablan de ritos nupciales,… Lo que es innegable es que esta montaña era un lugar de rituales para los antiguos y por ello montaña sagrada.

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Poblados aborígenes

En la base de esta montaña se han encontrado 3 poblados permanentes con restos aborígenes, aún pendientes de investigación, restos de cabañas u hogares, conchas pulidas y cerámica cuidadosamente trabajada, que parece pertenecer más a rituales que a uso doméstico. La historia oral de Tindaya cuenta que en ella se celebraban juegos, bailes y rituales mágico-religiosos vinculados a las estrellas y fuerzas sobrenaturales.

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Refuigo de especies vegetales y animales

La montaña sagrada de Tindaya es, además, refugio de especies endémicas, muchas exclusivas de Fuerteventura y algunas en peligro de extinción. Destacamos la Chumberilla de Lobo o Cernúa (Caralluma Burchardii). También sirve de refugio para animales, muchos de ellos especies en claro retroceso, catalogadas de raras y poco frecuentes actualmente, como es el caso de la Tarabilla Canaria y el Camachuelo Trompetero.

Paraje Natural de Interés Nacional

Por todos estos valores, este espacio fue declarado por la Ley 12/1987, de 19 de junio, de Declaración de Espacios Naturales de Canarias como Paraje Natural de Interés Nacional de Montaña Tindaya y reclasificado por la Ley 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias como monumento natural.

Uno de los más hermosos monumentos vivos del Archipiélago Canario

Tindaya es cultura, historia, magia y naturaleza, es un monumento natural digno de respeto e investigación para aclarar el pasado de esta tierra, de los antiguos pobladores de este rincón de la macaronesia que, como nosotros, sentían el magnetismo que la convierten en la montaña de las Brujas, uno de los más hermosos monumentos vivos del Archipiélago Canario.

La subida a esta montaña está actualmente prohibida pero se puede pasear por sus alrededores para sentir la majestuosidad, visible también desde distintas zonas del norte de Fuerteventura y reconocible por lo especial de su material, diferente al resto de montañas o volcanes de la isla.

Son ya varias las recomendaciones de lugares imprescindibles a visitar y descubrir en esta isla, nuestro favorito siempre la vuelta a la Isla de Lobos con una de nuestras excursiones diarias desde Corralejo, tan recomendable, que somos número uno en TripAdvisor, ¿te lo vas a perder?

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La cueva del Llano, un libro abierto sobre el pasado de Fuerteventura

Con una sola mirada a Fuerteventura o a Isla de Lobos, a sus caprichosas formas, acantilados erosionados por la fuerza majestuosa del atlántico, volcanes que a pesar del paso del tiempo aún nos muestras sus cráteres, el maravilloso malpaís que cubre gran parte de esta tierra,… percibes el pasado volcánico de estas islas. Un pasado de fuertes erupciones que ha llegado a nuestros días ofreciéndonos un paisaje diferente y espectacular, digno de admirar.

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Fuerteventura es la isla de mayor antigüedad de todo el archipiélago canario. Para conocer muchos secretos del pasado de esta isla tenemos la oportunidad de visitar la Cueva del Llano, un centro de interpretación que nos permite adentrarnos en las profundidades de la tierra, permitiéndonos conocer qué animales poblaron la Isla hace miles de años.

¿Qué es la cueva del Llano?

Se trata de un yacimiento paleontológico ubicado en la localidad de Villaverde, Municipio de la Oliva, a unos 8 kilómetros de Corralejo (nuestra sede para las excursiones a Isla de Lobos) que se formó por la erupción de la montaña de Escanfraga hace 800.000 años.
Al erupcionar este volcán provocó un río de lava líquida que al contacto con el aire solidificó por la parte superior, mientras la inferior seguía fluida, descendiendo hacia el mar. Una vez que finaliza esta erupción el resultado es un túnel que se vacía hasta dejar un tubo volcánico que llega a tener anchuras de 7 a 12 metros y alturas de 3 a 5 metros en las partes más altas, incluso llega a 7 metros en algún punto. La longitud topografiada hasta ahora es de 648 metros aunque los últimos 200 son de difícil exploración.

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Un libro abierto sobre el pasado

Este tubo volcánico es un libro abierto sobre el pasado de esta tierra ya que La Cueva se ha comportado como sumidero de las aguas de la zona, debido al derrumbamiento de una parte de su techo, se formó el Jameo que da entrada a la misma y por el que se colaron, durante siglos, corrientes de agua y barro, que arrastraron sedimentos de diferentes etapas y restos de animales que actualmente siguen fosilizados allí. Sus paredes, a pesar del paso del tiempo, conservan todavía marcas de este barro; gracias a ello, la comunidad científica dispone de muestras para investigar el pasado bioclimático de esta Isla.
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La cueva del llano es a día de hoy un centro de interpretación, donde al visitarlo podrás adentrarte en este tubo volcánico recorriendo unos metros del túnel, un recorrido guiado por los suelos de esta isla, donde descubrirás la riqueza de sus suelos. Antes de adentrarse en las profundidades de la cueva, los visitantes podrán descubrir en el centro de interpretación toda la variedad geológica de Fuerteventura.

Un habitante excepcional

Este tubo cuenta con un habitante de excepción: el arácnido opilión (Maiorerus randoi), similar a la araña, pero amarillento, y exclusivo de la Cueva del Llano al ser la única cavidad en Fuerteventura con las condiciones ambientales apropiadas, una de las especies más extraordinarias de la fauna invertebrada canaria. Se trata de un pequeño arácnido adaptado a vivir en la oscuridad de la cueva, por lo que es casi transparente ya que ha perdido la pigmentación y la vista por vivir en esa oscuridad; por ello usa dos patas delanteras como bastones de ciego. Se cree que los ancestros de este arácnido llegaron a las Islas Canarias en tiempos más húmedas, millones de años atrás, viviendo en la superficie, y que con el cambio climático buscaron refugio en la cueva donde encontraron un hábitat idóneo.

Este Centro de Interpretación es un monumento de la naturaleza. Un lugar excepcional para conocer y entender la evolución del clima en Fuerteventura. Es además el tubo volcánico más antiguo de las Islas Canarias y probablemente uno de los mejor conservados. A día de hoy reabre sus puertas los Miércoles y Jueves, de 10 a 15 horas. Sábados de 15 a 18 horas para deleite de quienes quieran conocer un poco más sobre el majestuoso pasado volcánico de estas islas.

Por ello además de recomendarles visitar la Isla de Lobos con una de nuestras excursiones desde Corralejo para disfrutar de la belleza volcánica de este paisaje que en Lobos se conserva de forma espectacular por lo salvaje y natural de su estado, les recomendamos visitar las profundidades de Fuerteventura para entender y conocer de primera mano el pasado de estas islas.

Equipo FuerteCharter

Los hornos de cal: Historia de Fuerteventura

Durante los siglos XVII, XVIII y XIX, una de las actividades que movió el panorama económico de la historia de Fuerteventura, dándole de comer a muchísimas familias, fue la exportación de cal a Gran Canaria, Tenerife y La Palma.

En Fuerteventura existía (y existe en la actualidad) una gran cantidad de roca calcárea, que a grandes temperaturas (entre 900 y 1000ºC) se transforma en cal, dividida en dos tipo:

  • Cal de albeo: utilizada para blanquear las paredes. Es una cal orgánica que se obtiene de grandes depósitos sedimentarios de caparazones de animales marinos. Se encuentra normalmente a pie de costa. Se necesitan mayores temperatura y más tiempo de cocción para obtenerla que el otro tipo.
  • Cal química o piedra de cal: se encuentra en el interior de la isla, a escasos centímetros de profundidad, y se utiliza para la construcción, para depurar aguas de aljibes…

Por este motivo, hoy en día podemos encontrar numerosas construcciones de hornos de cal, alguno de ellos restaurados, de los 300 que se calcula llegaron a existir en la isla, hasta que hacia 1970 el cemento sustituyó a este material, haciendo desaparecer poco a poco el oficio de los caleros, que había comenzado en la isla hacia 1641.

En un principio, los barcos que recogían la cal para exportarla a las otras islas, fondeaban en puertos como los de El Cotillo, Caleta de Fuste y Ajuy, donde no había muelle y entonces el proceso de carga de los barcos era muy laborioso, ya que la cal no puede mojarse, porque si se moja aumenta su volumen hasta el 50%. Tenía que ser transportada con mucho cuidado en barcazas hasta los barcos, que una vez cargados partían hacia su destino, rezando porque la cal no se mojara, ya que un aumento del volumen podía hacer reventar el barco.

Cuando se descubrió que la bahía de Puerto del Rosario era mucho mejor, se trasladó toda la actividad a la capital, convirtiéndose esta, en la primera mitad del s.XX, en el “Puerto de la Cal”, donde se construyeron una serie de complejos industriales que dieron trabajo a una parte importante de la población de la época.

En los primeros 10 años del siglo XX se contabilizaron unas 70.000 toneladas de cal exportadas.

En Fuerteventura se distinguen dos tipos de hornos de cal, en función de las dimensiones y del combustible que utilizaban:

  1. Las caleras u hornos domésticos de leña: predominaban en los pueblos del interior. Utilizaban como combustibles aulagas, tarajales y matos. Tenían una baja capacidad de producción por hornada y el producto obtenido se destinaba al consumo interno o doméstico. Estos hornos solían ser circulares y su altura no solía superar los 4m.

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    ©centolo negro
  2. Hornos industriales de carbón: denominados también de continuo, debido a su producción sin interrupción. Tenían una gran capacidad de producción de cal. Suelen ser de planta rectangular, pudiendo alcanzar de 8 a 12 m de altura. Sobresalen los hornos de la Hondura y los de El Charco en Puerto del Rosario.

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Hay que hacer una mención especial a los hornos de Ajuy, que no pueden incluirse en ninguna de estas dos clases, ya que eran unos agujeros excavados en el suelo, de unos 12m de altura y 3m de diámetro, realizados en un pequeño acantilado al lado del mar.

La manera de transportar la piedra cal era con camellos y burros, en cestas pedreras de unos 10kg, y las herramientas utilizadas para extraerla eran: la pala, el pico, el martillo, la cuña, la barra para apalancar la piedra, el marrón, para partir la piedra más grande, la mazeta, para partir la piedra pequeña.

Una vez llevada la piedra caliza hasta el horno, se procedía al llenado del mismo por la abertura superior, intercalándose una capa de piedra y otra de combustible, hasta colmar por completo el cono del horno.

El encendido del horno se realizaba por la parte baja del horno, donde había otra abertura; se colocaban aulagas secas y apretadas, y a continuación se iniciaba el incendio. De esta manera, el fuego se iba transmitiendo a las distintas capas de combustible, convirtiendo el caliche en cal viva.

El proceso de cocción de la cal podía demorarse varios días, incluso llegar a pasar la semana. El proceso se acababa cuando el color del humo empezaba a ser blanco.

La cal se sacaba del horno por la parte inferior, moviendo o golpeando la parrilla de hierro, sobre la que se apoyaban las piedras, ahora transformadas en cal, que cae desmenuzada al piso del horno.

Tras finalizar la cocción, se le añade el agua a la piedra de cal o cal viva, obteniéndose así la llamada cal apagada (hidróxido de calcio). Esta cal ya estaba lista para cargarse y transportarse.

 

Los hornos de cal del islote de Lobos

En el vecino islote de Lobos, al que acudimos a diario con nuestras excursiones en barco, llegó a haber 4 hornos de cal, de los que en la actualidad se conservan 3: Atalaya Grande, Las Lagunitas y el Horno de la Calera.

Estos hornos están situados en zonas cercanas a la costa, donde existen formaciones calizas de origen orgánico, que provienen de caparazones y restos de esqueletos de animales marinos. Por tanto, la cal que se obtenía en el islote era cal de albeo, para blanquear paredes.

En nuestras diarias excursiones en barco al islote de Lobos desgranamos la historia de Fuerteventura para que nuestros visitantes, además de llevarse una experiencia marina inigualable, se vayan con un poco más de conocimiento sobre nuestra isla.

El Equipo de FuerteCharter

Betancuria, antigua capital de Fuerteventura

En nuestro afan por dar a conocer las maravillas de este paraíso que es Fuerteventura no podemos dejar de hablar del pueblo más antiguo de esta isla, y aunque nuestra principal pasión es el mar y las excursiones en barco por estos lares, les recomendamos una visita a esta localidad de la zona centro de la la isla, se trata de Betancuria. Vamos a acercarnos un poquito a la historia de esta isla y en concreto de este pueblo, remontándonos a los años de la conquista.

En 1402 la Isla de Fuerteventura fue invadida por el francés Jean de Bethencourt (noble de origen normando que entró en contacto con la corona de Castilla a través de un pariente y consiguió el derecho de conquista de las Islas). Pero no fue hasta dos años después cuando Fuerteventura es por fin conquistada.

En 1404 empieza formalmente la colonización; se creó para ello una capital, fundada por el militar Gadifer de la Salle —que acompañaba a Jean de Bethencourt en la conquista— y por el propio Bethencourt, cuya figura sería honrada al dar nombre a la nueva capital, Betancuria; situada en una de las zonas más fértiles del interior —un valle muy verde y resguardado de los vientos—, menos vulnerable y más protegida de los frecuentes ataques piratas que sufrían las costas de la Isla.
Este lugar había sido uno de los primeros asentamientos de la Isla cuando sus pobladores aún eran los guanches.
Desde su fundación se convirtió en capital y centro rector de la Isla y en ella radicaron históricamente los órganos de administración y gobierno insulares. Betancuria conservó su importancia política y administrativa durante siglos, resistiendo incluso a los intentos de invasión berberisca que prácticamente arrasaron la capital a mediados del S. XVI.
Sin embargo, con la entrada del sigo XIX su poder económico fue bajando en beneficio de otras poblaciones que crecían más rápidamente, como La Oliva o Pájara, hasta que actualmente es uno del los núcleos urbanos de Fuerteventura que menos población tiene.

Betancuria-Fuerteventura

A comienzos del S. XVIII se traslada el gobierno militar a La Oliva, marcando así la primera brecha en el monopolio político que constituía Betancuria, pero no es hasta el s. XIX cuando las trasformaciones económicas, sociales, administrativas, religiosas y políticas —debidas a la disolución del Antiguo Régimen y coincidiendo con el despegue económico del área oriental de la Isla— debilitan el poder de Betancuria en favor de otros núcleos como Pájara, La oliva, Antigua o Puerto de Cabras (actual Puerto del Rosario).
Betancuria dejó de ser parroquia única de la Isla (siglo XVIII), cuando se crearon las parroquias de Nuestra Señora de Regla (Pájara) y Nuestra Señora de La Candelaria (La Oliva).
En 1834 se crea el municipio de Puerto de Cabras, independiente de Tetir, y poco a poco se van instalando allí las distintas instituciones de la administración y el gobierno, convirtiéndolo en capital en 1860.

A día de hoy, Betancuria, con menos de 700 habitantes, es un atractivo turístico por la belleza de la zona y del pueblo, ya que sigue siendo uno de los más bonitos de la Isla, cuyo histórico poder aún se ve reflejado en sus calles.

Qué ver?

Iglesia-catedral de Santa María

Es uno de los edificios principales de esta capital histórica que se empezó a construir en los primeros años de fundación de Betancuria, para cubrir las necesidades espirituales de los isleños (el 10% de todo lo que se producía en agricultura se entregaba a la iglesia, y el 20% al gobernador de la isla). Esta iglesia-catedral, de estilo gótico-normando, sufrió los ataques berberiscos y tuvo que ser reconstruida en el siglo XVII, aunque aún conserva algunos restos de aquella primera iglesia, como el campanario o algunas columnas y, siendo dignos de mención, su baptisterio, el coro y un artesonado mudéjar.

La ermita de San Diego

Otro elemento característico de Betancuria es esta ermita, similar —en cuanto a la piedra y el encalado— a la catedral. Junto a ella, los restos del convento franciscano, que originariamente formaban, con la ermita, parte del primer convento franciscano que se fundó en las Canarias.
Les recomendamos una visita a la antigua capital de la isla, en sus calles, ademas de respirar el espíritu de la conquista y la historia de Fuerteventura, podrán encontrar artesanía local, restaurantes con platos típicos majoreros,… y disfrutar de una de las zonas con más vegetación de este paraíso desértico; como hemos comentado en el primer párrafo, antes de conocer el interior de esta Isla, les recomendamos encarecidamente esa excursión en barco desde Corralejo de la que somos los auténticos profesionales, donde les descubriremos la experiencia de disfrutar del mar y una de las maravillas y monumentos naturales más bellos de este archipiélago canario, la Isla de Lobos. Les esperamos…

El equipo de FuerteCharter

Josefina Plá: Dama de la Cultura

El Islote de Lobos —al que acudimos casi a diario con nuestras excursiones en barco desde Corralejo, para enseñarle a los visitantes los encantos de su costa y de sus aguas—, vio nacer a la artista literaria Josefina Plá el 9 de noviembre de 1903: hija de Leopoldo Plá, descendente de alicantinos, y de Rafaela Guerra Galvaní.
Encajar a Josefina Plá en una única disciplina es complicado, ya que a parte de poetisa, dramaturga, ensayista, narradora y periodista, también fue una conocida ceramista, crítica de arte y pintora.
Fue bautizada en la iglesia de Femés e inscrita en el registro civil del municipio de Yaiza (Lanzarote), pero la profesión de su padre, torrero de faros, hizo que con tan solo 5 años abandonara  las Islas Canarias, para recorrer la geografía española por sus hermosas costas. Así fueron a vivir a Valencia, Bilbao y otras muchas ciudades entre las que transcurrió gran parte de la formación académica de su infancia y adolescencia.
Un entorno familiar en el que la cultura tenía mucho peso le aportó una base literaria bastante sólida y un gran amor por las lenguas, y con 18 años ya dominaba el francés, el inglés, tenía conocimientos de latín y era capaz de realizar traducciones del alemán. Además, su vertiente artística no se limitaba a las letras, sino que había despuntado con algunas creaciones en cerámica, dibujo y pintura.
En 1926 conoció en Villajoyosa, Alicante, al ceramista paraguayo Andrés Campos Cervera, reconocido internacionalmente por el pseudónimo de Julián de la Herrería, con quien se casaría dos años después y con el que marcharía en 1927 hacia Asunción, Paraguay, ciudad en la que pasó el resto de su vida y donde desarrolló toda su carrera y cultivó todos sus éxitos.
La llegada al país que la adoptaría no fue un camino de rosas y tuvo el rechazo de una parte de la aristocracia paraguaya, que la consideraban una “gitana advenediza” y estaba en contra de sus procedimientos. Esto sin embargo, no le impidió cosechar una rica producción artística e intelectual.
Josefina Plá está considerada como una de las principales representantes de la Generación del 40, una luchadora por los derechos humanos y una de las primeras activistas del feminismo en Paraguay, lo que en 1977 la convierte en “Mujer del año”, en Paraguay y “Dama de Honor de la Orden de Isabel la Católica”, en España; entre muchas otras distinciones como: la de miembro de la Academia Internacional de Cerámica, con sede en Ginebra, Suiza; la Medalla del Bicentenario de los Estados Unidos de América (1976); el trofeo “Ollantay” a la investigación teatral, de Venezuela (1984); la condición de Consejera del Vice Ministerio de Cultura del Paraguay; la “Orden Nacional del Mérito” en el grado de Comendador, del gobierno paraguayo (1994); la Medalla de Oro de las Bellas Artes de España (1995); el galardón por su defensa de los derechos humanos, otorgada por la Sociedad Internacional de Juristas; la de miembro de las Academias Paraguaya de la Lengua, de la Historia Paraguaya y de la Historia Española; la de finalista en el concurso de méritos para el Premio “Príncipe de Asturias”  y también Doctora honoris causa de la Universidad de Asunción (1981); la de su postulación para el “Premio Cervantes” , máximo galardón de las letras hispánicas, en los años 1989 y 1994 y la “Ciudadanía Honoraria” conferida por el Parlamento paraguayo en 1998, entre otras.

excursiones en barco desde corralejo

Josefina Plá fue una autora prolífica, con más de 60 libros publicados, entre poemarios, obras de teatros, cuentos breves, ensayos, críticas… que siempre tuvo claro que la mejor manera de renovar e impulsar la cultura consistía en saber compaginar investigación, creación y enseñanza; por lo que creó la Escuela Municipal de Arte Escénico, donde fue docente por veintidós años, el Centro Arte Nuevo, el Museo Julián de la Herrería y participó en la formación del círculo artístico-literario “Vy’á raity” (nido de alegría), que tenía por principal objetivo impulsar la cultura paraguaya más allá de sus fronteras.
Josefina falleció en Asunción, el 11 de enero de 1999, después de toda una vida trabajando para llevar la modernidad al arte y la literatura en Paraguay, y fue una guía para muchas generaciones de artistas y de escritores, lo que le valió el título que mejor la define: Dama de la Cultura.

En FuerteCharter, con nuestras excursiones en barco desde Corralejo, queremos no solo mostrarte el encanto natural que nos rodea en esta isla de Fuerteventura, sino también enseñarte la historia de este pequeño gran paraíso.

 

El equipo de FuerteCharter